El Ogro y La Cocinita
Érase una vez un ogro que conoció a una cocinita. Se hicieron muy amigos, y al ogro le gustaba ir a casa de la cocinita a jugar (y a tomar una caña y un aperitivo, ecológico, por supuesto) de vez en cuando.
El ogro se dedicaba a vender preciosos juguetes, y deseaba encontrar muchos niños que quisieran jugar con ellos, pues nada le hacía más feliz que ver a los niños disfrutar con juguetes de verdad, de los de antes, hechos de madera, de tela, de cartón, con cariño. Juguetes que no llevan la etiqueta de “educativo” por ninguna parte, porque el ogro piensa que el solo hecho de jugar ya es aprender, y él vendía sobre todo juguetes para disfrutar. Sin más pretensiones.
A la cocinita le gustaba mucho la filosofía y el buen gusto del ogro y le dijo: “Vente a vivir a mi casa! Aquí vienen muchos niños todos los días, y a veces los juguetes que yo tengo no son suficientes para ellos, se quedan cortos para tanta imaginación que tienen. Además, vivo muy cerca de una de las plazas más bonitas de Madrid, con un parque muy grande. Seguro que a los niños les encantará conocerte!”.
Y claro, el ogro aceptó enseguida, no tuvo casi ni que pensarlo... "Allá voy! Me voy pá Madrid!"
Así que este es un cuento con final feliz, pero sin princesas y príncipes que comen perdices, sino de amigos que se unen en tiempos rarunos.
A partir del lunes 3 de septiembre podréis encontrar todas las preciosidades de Castillos en el Airedentro de La Cocinita, en nuestra sección de juguetes. Unimos nuestras fuerzas para seguir ofreciéndoos lo mejor de lo mejor, como siempre.






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